(Caña Viva En Tierra Llana)
Por Juanjo
Eres ola en mi lago;
en mi mar, la sirena;
el cielo de mi universo,
el brillo de mi estrella.
Mi corazón es tierra fértil,
y has plantado en ella amor.
Tu amor cual caña viva y
esperanza que al alma da calor.
Eres retoño de la rosa,
la rosa del desierto,
diosa de este mundo
maíz de vida al cuerpo.
Eres la vida y esperanza,
la caña viva en tierra llana.
Eres recuerdo de que estás.
Irrealidad que a mi alma sana.
Eres esperanza de amanecer;
en el ojo del niño, el destello;
en el joven, aquel amor soñado;
y en mi corazón apacible consuelo.
Eres “Nicah” en mi corazón,
descanso que mi sueño emana,
mi princesa del maíz y del amor.
Eres mi caña viva en tierra llana.
**Cazam Ah Chatam Uleu representa vida y esperanza según una historia maya escrita en el Popol Vuh.
lunes 19 de mayo de 2008
El Cielo de Noche
Por Juanjo
Me gustó un día que la vi en el pueblo, la quise cuando sentí su abrazo, me enamoré con el primer beso y la amé cuando escuché su corazón.
Prefería desvelarme, antes que dejar de mirarla, pues era hermosa como nadie lo ha sido. Era como la noche, con una luna que me decía si estaba triste o feliz, y dos estrellas que brillaban cuando la amaba. Recuerdo que mil estrellas fugaces nacían en su cabeza y desaparecían en su cintura.
Perdía mi mirada en la suya, mi conciencia en su compañía, y aún a mi mismo en sus brazos.
Cuando ya es oscuro y miro el cielo, le oro a Diosito para que nunca amanezca, pues correría hasta el fin del mundo, con tal de lograr que su rostro se perpetuara eternamente en mi mirada. Daría mi vida, para vivir en la noche y recordar su cara al mirar el cielo; por lo menos hasta que muera, y la acompañe de nuevo.
Me gustó un día que la vi en el pueblo, la quise cuando sentí su abrazo, me enamoré con el primer beso y la amé cuando escuché su corazón.
Prefería desvelarme, antes que dejar de mirarla, pues era hermosa como nadie lo ha sido. Era como la noche, con una luna que me decía si estaba triste o feliz, y dos estrellas que brillaban cuando la amaba. Recuerdo que mil estrellas fugaces nacían en su cabeza y desaparecían en su cintura.
Perdía mi mirada en la suya, mi conciencia en su compañía, y aún a mi mismo en sus brazos.
Cuando ya es oscuro y miro el cielo, le oro a Diosito para que nunca amanezca, pues correría hasta el fin del mundo, con tal de lograr que su rostro se perpetuara eternamente en mi mirada. Daría mi vida, para vivir en la noche y recordar su cara al mirar el cielo; por lo menos hasta que muera, y la acompañe de nuevo.
domingo 23 de marzo de 2008
14
Por Esteban Azofeifa
Si el amor no fuera amor
tus cabellos danzarían entre hojas secas
y el frío no sería frío,
sería más bien
una pena
Si el amor no fuera amor
las caricias harían huelga;
las flores, las semillas y tus besos
se secarían por siempre
en una hoguera
Si el amor no fuera amor
la pena no merecería llamarse pena,
los deseos llorarían piedras
y tu voz, sencilla y perenne,
me extraviaría por siempre
tras sus huellas
Si el amor no fuera amor
tus cabellos danzarían entre hojas secas
y el frío no sería frío,
sería más bien
una pena
Si el amor no fuera amor
las caricias harían huelga;
las flores, las semillas y tus besos
se secarían por siempre
en una hoguera
Si el amor no fuera amor
la pena no merecería llamarse pena,
los deseos llorarían piedras
y tu voz, sencilla y perenne,
me extraviaría por siempre
tras sus huellas
domingo 6 de enero de 2008
El pozo -- Pablo Neruda
A veces te hundes, caes
en tu agujero de silencio,
en tu abismo de cólera orgullosa,
y apenas puedes
volver, aún con jirones
de lo que hallaste
en la profundidad de tu existencia.
Amor mío, qué encuentras
en tu pozo cerrado?
Algas, ciénagas, rocas?
Qué ves con ojos ciegos,
rencorosa y herida?
Mi vida, no hallarás
en el pozo en que caes
lo que yo guardo para ti en la altura:
un ramo de jazmines con rocío,
un beso más profundo que tu abismo.
No me temas, no caigas
en tu rencor de nuevo.
Sacude la palabra mía que vino a herirte
y déjala que vuele por la ventana abierta.
Ella volverá a herirme
sin que tú la dirijas
puesto que fue cargada con un instante duro
y ese instante será desarmado en mi pecho.
Sonríeme radiosa
si mi boca te hiere.
No soy un pastor dulce
como en los cuentos de hadas,
sino un buen leñador que comparte contigo
tierra, viento y espinas de los montes.
Ámame tú, sonríeme,
ayúdame a ser bueno.
No te hieras en mí, que será inútil,
no me hieras a mi porque te hieres.
en tu agujero de silencio,
en tu abismo de cólera orgullosa,
y apenas puedes
volver, aún con jirones
de lo que hallaste
en la profundidad de tu existencia.
Amor mío, qué encuentras
en tu pozo cerrado?
Algas, ciénagas, rocas?
Qué ves con ojos ciegos,
rencorosa y herida?
Mi vida, no hallarás
en el pozo en que caes
lo que yo guardo para ti en la altura:
un ramo de jazmines con rocío,
un beso más profundo que tu abismo.
No me temas, no caigas
en tu rencor de nuevo.
Sacude la palabra mía que vino a herirte
y déjala que vuele por la ventana abierta.
Ella volverá a herirme
sin que tú la dirijas
puesto que fue cargada con un instante duro
y ese instante será desarmado en mi pecho.
Sonríeme radiosa
si mi boca te hiere.
No soy un pastor dulce
como en los cuentos de hadas,
sino un buen leñador que comparte contigo
tierra, viento y espinas de los montes.
Ámame tú, sonríeme,
ayúdame a ser bueno.
No te hieras en mí, que será inútil,
no me hieras a mi porque te hieres.
sábado 5 de enero de 2008
Rostro de John Lennon sobre una pared
Por Esteban Azofeifa
La luna-el cielo-las estrellas NO distinguen por su color o aspecto... son simplemente una incursión en lo DESCONOCIDO, que sin amor ni destino viven, lloran, imaginan y aman
La luna-el cielo-las estrellas NO distinguen por su color o aspecto... son simplemente una incursión en lo DESCONOCIDO, que sin amor ni destino viven, lloran, imaginan y aman
miércoles 2 de enero de 2008
Pensamiento al vacío
Por Esteban Azofeifa
Sigo viendo pájaros en el cielo, pensando en realizar verdades y fantasías. Sigo haciendo cosas mientras mi corazón se detiene, inevitablemente. Sigo calando entre vacíos y destinos, escapándome de los arrecifes, y sintiendo la fría corriente del profundo mar. Una estrella que muere, muere en los brazos de la eternidad, una estrella que llora, desconsoladamente… y libera sus deseos al vacío, es lo que siento. Un deseo preciado, crece para desvanecer, y luego crece y se desvanece, hasta que llega al filo de un destino púrpura, o verde, que es el color del corazón.
Una palabra sin verbo nace, dentro de mí, para luego causar remordimiento y lucha, lucha inactiva e inerte. Un dolor que se disfraza de paciencia, canta a la luna y a las estrellas, para luego divorciarse de mí y clavar mi mirada en el frío intenso de un glaciar. Un destino paralelo lucha para surgir, y desesperado grita dentro de cuatro paredes un “te quiero” y un “adiós”, y cree en los laberintos de los aromas con el único propósito de abrazarme y dejarme volar entre los pinos de mis temblores.
Sigo esperando decisiones y sonrisas, pero deseo casi absurdamente cambiar la palabra “sonrisa” por “perfume”, o por “esmeralda”. Mi piel llama a la luna para contarle un secreto, y se lo dice con cautela, por si llegase algún meteoro de delirio y robase las palabras verdes del vals que sale de mis poros. El secreto es llamar por su verdadero nombre a alguien que fue condenado a ser humano, y pintarle una carcajada en su pecho, que no es pecho ni vida, sino que es más bien un pensamiento.
Mi pensamiento es quebrar la armadura de un corcel, para descubrir su belleza blanca como mil colores que se mezclan para formar un falso color blanco, cuyo tono me atrae inevitablemente y me lanza al galope a través de una llanura perenne. Digo lo que siento, casi sin sentir, pues no soy ser humano. Soy balanza, o metal, o cabello. Soy lo desconocido.
Sigo viendo pájaros en el cielo, pensando en realizar verdades y fantasías. Sigo haciendo cosas mientras mi corazón se detiene, inevitablemente. Sigo calando entre vacíos y destinos, escapándome de los arrecifes, y sintiendo la fría corriente del profundo mar. Una estrella que muere, muere en los brazos de la eternidad, una estrella que llora, desconsoladamente… y libera sus deseos al vacío, es lo que siento. Un deseo preciado, crece para desvanecer, y luego crece y se desvanece, hasta que llega al filo de un destino púrpura, o verde, que es el color del corazón.
Una palabra sin verbo nace, dentro de mí, para luego causar remordimiento y lucha, lucha inactiva e inerte. Un dolor que se disfraza de paciencia, canta a la luna y a las estrellas, para luego divorciarse de mí y clavar mi mirada en el frío intenso de un glaciar. Un destino paralelo lucha para surgir, y desesperado grita dentro de cuatro paredes un “te quiero” y un “adiós”, y cree en los laberintos de los aromas con el único propósito de abrazarme y dejarme volar entre los pinos de mis temblores.
Sigo esperando decisiones y sonrisas, pero deseo casi absurdamente cambiar la palabra “sonrisa” por “perfume”, o por “esmeralda”. Mi piel llama a la luna para contarle un secreto, y se lo dice con cautela, por si llegase algún meteoro de delirio y robase las palabras verdes del vals que sale de mis poros. El secreto es llamar por su verdadero nombre a alguien que fue condenado a ser humano, y pintarle una carcajada en su pecho, que no es pecho ni vida, sino que es más bien un pensamiento.
Mi pensamiento es quebrar la armadura de un corcel, para descubrir su belleza blanca como mil colores que se mezclan para formar un falso color blanco, cuyo tono me atrae inevitablemente y me lanza al galope a través de una llanura perenne. Digo lo que siento, casi sin sentir, pues no soy ser humano. Soy balanza, o metal, o cabello. Soy lo desconocido.
martes 1 de enero de 2008
Dices ser
Por Esteban Azofeifa
Desafiante… así quieres que yo sea, ¿cierto? No has sido más que una voz sin sentido aparente, una voz que sale desde el fondo de lo absurdo, y pretendes que yo sea… ¿desafiante? Talvez quieras un poco de risas inoportunas, plásticas. No tienes color, ni forma, y dices llamarte Verdad; no tienes apellidos ni compostura, y dices ser correcta. Dices ser aceptada por todas las personas cuerdas del planeta tierra, y nadie en el mundo sonríe ante tu presencia.
¿Acaso es esto lo que pretendes que acepte? ¿Acaso un par de fracasos significan tu gobierno sobre mi existencia? Pues te equivocas, te equivocas gravemente. No eres más que un juego falso, con sonrisas fingidas y deseos ajenos. No eres más que el suspiro tenue de una mujer que añora una caricia verdadera. Sientes bellezas dentro de ti, y crees poder saborearlas; pretendes hacer que una pareja de novios deje de mirarse a los ojos, y engañas a hombres y mujeres haciéndoles parecer que el amor es un adjetivo.
Golpeas mi pecho en mis penas, como si mi vida fuese un continuo renacer del alma. Cada vez que lo haces, sin saber, mueres… y muere también un destino. Es entonces que comienzan las despedidas, el adiós de las pasiones y los grises suspiros. Es entonces que mis recuerdos pierden su color, y su aroma. Es entonces que te reconozco… ilusión.
Desafiante… así quieres que yo sea, ¿cierto? No has sido más que una voz sin sentido aparente, una voz que sale desde el fondo de lo absurdo, y pretendes que yo sea… ¿desafiante? Talvez quieras un poco de risas inoportunas, plásticas. No tienes color, ni forma, y dices llamarte Verdad; no tienes apellidos ni compostura, y dices ser correcta. Dices ser aceptada por todas las personas cuerdas del planeta tierra, y nadie en el mundo sonríe ante tu presencia.
¿Acaso es esto lo que pretendes que acepte? ¿Acaso un par de fracasos significan tu gobierno sobre mi existencia? Pues te equivocas, te equivocas gravemente. No eres más que un juego falso, con sonrisas fingidas y deseos ajenos. No eres más que el suspiro tenue de una mujer que añora una caricia verdadera. Sientes bellezas dentro de ti, y crees poder saborearlas; pretendes hacer que una pareja de novios deje de mirarse a los ojos, y engañas a hombres y mujeres haciéndoles parecer que el amor es un adjetivo.
Golpeas mi pecho en mis penas, como si mi vida fuese un continuo renacer del alma. Cada vez que lo haces, sin saber, mueres… y muere también un destino. Es entonces que comienzan las despedidas, el adiós de las pasiones y los grises suspiros. Es entonces que mis recuerdos pierden su color, y su aroma. Es entonces que te reconozco… ilusión.
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